Stay hungry. Stay foolish
‘…tengan el coraje de seguir a su corazón y a su intuición. De algún modo tu corazón y tu intuición ya saben lo que tú realmente quieres ser’
Hasta el 16 de junio nuestra amiga Gabi Valladares presenta #PaPuSáViLaEXPO, su primera individual de fotografía que desarrolló en conjunto con Marcello Botto
Dadas las circunstancias (…), les convido a creerme cuando digo que el futuro no existe
Tú y Yo y Los Lugares Pieza extraída del EP “Medios de Transporte” Descárgalo gratis aquí http://www.entornodomestico.com/meta/… Contenidos, Dirección, Arte y Producción General: Heberto Añez Novoa y Roberto Jiménez Postproducción y Cámara: Heberto Añez Novoa Actuaron: Carlos Torres Rocío Camargo Agradecimiento especial a: Ruben Azócar, Jose Gabriel (Petete) Hernández y a Dios Gato por sus misteriosas [...]
Por Eduardo Sánchez Rugeles
@SanchezRugeles
Esta nota la ilustra ‘La Muerte de Girardot’ de Cristóbal Rojas
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Soy uno de esos hombres que tiene el sentimiento trágico de la vida. Hace tiempo que perdí la esperanza. El futuro, como la navidad o la leyenda del ratón Pérez, es una de esas historias que se le cuentan a los niños para hacerles creer que la realidad es otra cosa. “No basta pensar, hay que sentir nuestro destino”, alega Miguel de Unamuno. En la mayoría de los asuntos humanos, no es común que coincidan los intereses del corazón y el intelecto. Venezuela, sin embargo (su experiencia reciente, su noción de patrimonio, su concepción artesanal de la Historia), es un ejemplo claro de sintonía. Porque para nuestro pensamiento y para nuestras emociones el destino aparece como una utopía; el mañana es una vacua modalidad del ayer. Yo pertenezco a una generación que asistió a la destrucción gradual y sistemática del porvenir.
La palabra futuro, en su uso convencional, supone la expectativa de un avance; esa expectativa determina nuestro fracaso. En Venezuela, el tiempo es una enfermedad; la palabra cambio solo se comprende si se interpreta bajo la acepción de decadencia. El cronograma real (volteado) tiene como fin las montoneras fundacionales del siglo XIX; vivir es ir de retro. Según la voluntad de los gestores, el destino final ha de ser la miseria absoluta. Si se ha de establecer la hegemonía de la ignorancia, entonces (por un conflicto de intereses) es necesario sacrificar cualquier atisbo de inteligencia. Es difícil forzar convicciones cuando las pulsiones pesan más que las ideas; cuando el coñazo físico (en el rostro o en el estómago) tiene más dignidad que el argumento o cuando el grito desaforado dice más que el significado de las palabras.
“Si callamos, nos tornamos desagradables; si hablamos, nos tornamos ridículos”, expresa Herta Müller bajo la máscara de un personaje triste. Siguiendo esta premisa, asumo el compromiso del ridículo. Ejerzo mi derecho al malestar. Me cansé de los falsos entusiasmos, de la supuesta bondad del gentilicio, de la sabiduría maquillada de los héroes y las emboscadas electoreras improvisadas por los gendarmes. Dadas las circunstancias (parodiando al poeta), les convido a creerme cuando digo que el futuro no existe. “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”, cantó alguna vez un trovador sureño. En Venezuela, tal oferta es ingenua. Porque cada día vemos cómo los corazones son batidos a balazos por asesinos indolentes y los cuerpos de los seres amados se pudren en el panteón de Colinas de Bello Monte. Tu corazón no nos interesa, pareciera ser la arenga de las armas. Solo entréganos tu carro, tu dinero, tu teléfono, tu voto hipotecado y, entre otras cosas, tu prescindible vida.
Hace tiempo que abandoné mi oficio. Puede que, para un docente, no exista nada más triste que la pérdida de la vocación. La realidad me venció. Un día desperté y asimilé la derrota. Por esa razón, me dedico a contar historias de hombres y mujeres sin esperanza. Mi trabajo literario es el de un costumbrista. No sé si sería capaz de regresar a un aula de clases. El respeto por la juventud es la refutación de mi discurso. El empuje, la rebeldía, los sueños legítimos, la inconformidad y el hambre de mundo inscrito en las miradas de los jóvenes son mi más dura paradoja, la razón de mi antinomia. A ellos, a los que todavía creen en el futuro, a los que se distraen imaginando una idea diferente de país, solo puedo ofrecerles el detalle del voto y el humilde espaldarazo de un vencido.
‘…tengan el coraje de seguir a su corazón y a su intuición. De algún modo tu corazón y tu intuición ya saben lo que tú realmente quieres ser’
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