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Nuestras amigas de Oh! Nena nos enviaron este hermoso video de la talentosa PIAN y no pudimos dejar de compartirlo a través del site de MONO.
Por DANIEL D’ARMAS
Ilustración: Leonor Sanahuja
Siempre se ha dicho esa tonteria de que la imitación es el mayor halago que se puede hacer. Quizás media China esté de acuerdo, en Canal Street se reasegure y en el Mercado del Cementerio (y en casa de una que otra chica clase media en el noreste caraqueño con tiendas de ropa para otras chicas clase media…) se alegren de decirlo. Sin embargo, podemos apostar que Bernard Arnault, siendo el dueño y señor de la marcas más copiadas en el mundo, no estará muy contento con esa famosa afirmación. Pero aquí todo el mundo tiene rabo de paja. Y el de Monsieur Arnault también tiene nombre y apellido: Marc Jacobs.
Pero fuera de las maquilas asiáticas y fotos secretas en probadores que se transforman en el ropero cotidiano de la clase trabajadora, no es secreto para nadie que la “fabulosa” industria de la moda y en lo más encumbrado de sus altas esferas está marcada con esa letra escarlata (que no el monograma LV) que es el plagio. A veces se disfraza de inspiración y en otras ocasiones de “homenaje”, pero últimamente ha rayado en el extremo de la copia absoluta.
Lejos están los días en el que las casas de Alta Costura no permitían a la prensa tomar fotos del desfile y las notas eran vigiladas para que no se dibujaran las siluetas propuestas. Un enfoque que ha tomado recientemente Tom Ford en sus colecciones en mundo inundado por el ready-to-see de Style.com y los catwalk streamings.
¡Cristóbal Balenciaga, sacúdete en tu cripta! Después de que el pobre hombre dedicara su vida a no ser copiado, la casa que lleva su nombre ha sido manchada en más de una ocasión por el escándalo de la copia. Su sucesor Nicolas Ghesquière en dos oportunidades ha sido acusado de plagio. La primera vez en el 2002 admitió a Cathy Horyn, reportera de modas del New York Times, haber robado la idea del patchwork, usado como tema central de la colección, de un modelo de 1972 del diseñador de San Francisco Kaisik Wong. “Me siento halagado que la gente busque mis fuentes de inspiración” declaraba descaradamente en aquel momento. Para la segunda ocasión ya Ghesquière se había convertido en el niño prodigio de la moda y en teoría el director creativo más innovador en la industria. Con su retrato tomado por Irving Penn en el escritorio de la Wintour, como que si de su hijo se tratara. Pero el público fue menos indulgente, y fue la mismísima comunidad bloggera (malditos fashion bloggers you should die) la que comenzó las especulaciones de copia de una chaqueta de otra marca de los setentas de la hippie fog city.
¿Es monsieur Ghesquière culpable de la copia? Absolutamente sí, pero aun más es una simple victima de su propia fama. La bolsa Motorcycle ha sido reproducida mil millones de veces en los más asquerosos plasticueros del mundo, y el frenesí desatado por la keffiyeh (palestina) y que todo pseudo moderno que delira por caminar en las ramblas tuvo, se le debe a su creatividad. Incluso todo el mundo opina que otra prestigiosa marca como Proenza Schouler le debe la mitad de sus colecciones a lo que el equipo de diseño de Balenciaga ya ha hecho, y se rumora que Carine Roitfeld fue despedida de su puesto como editora en jefe de Vogue París por unos abrigos que tomó prestados para un servicio fotográfico, y que luego aparecieron en el estudio de MaxMara. Pero es la expectativa de que es un gran genio creador lo que lo ha perjudicado. Alguna vez se ha puesto en duda que Moschino copia descarada y constantemente los iconos clásicos de Chanel. Probablemente no, por la poca relevancia que la marca tiene.
Cathy Horyn titualaba en aquella oportunidad su artículo: ¿Es copiar en realidad parte del proceso creativo? Realmente se puede disfrazar la copia descarada bajo el posmodernista moquete de “inspiración”. Lo cierto es que la post modernidad tiene mucho que ver con todo este asunto. Poco o nada ha cambiado en el mundo de la indumentaria en el último siglo (y ni hablar de este), los ruedos de las faldas se han acortado, y alargado una vez más, hombreras van y vienen, y los pantalones se convirtieron en una prenda de uso femenino y masculino. Pero no se puede decir que alguna pieza se ha inventado recientemente. Incluso diseñadores que en su momento han sido aclamados como innovadores, siempre han usado las referencias a otras culturas, textiles o piezas como punto de desarrollo de sus colecciones. El prêt-à-porter terminó de matar la vetusta y utópica idea del “couturier” que creaba una colección al despertarse del lado correcto de la cama.
Hoy día una colección de una casa de modas no sucede sin previos viajes de investigación a diferentes ciudades y tiendas de ropa de segunda mano, mood boards con fotos de inspiración que luego con un poco de detalle y mucho estilismo de por medio, serán presentados en una pasarela llena de expectativas y mucha camaradería que crean el buzz.
¿Qué sería de alguien como Marc Jacobs sin la manada de personas que trabajan detrás de camerinos para él, y las marcas que representa, los relaciones públicas y la prensa que lo adora? Desde sus comienzos en Perry Ellis, Jacobs ha usado su entorno y lo que sucede en su tiempo como referencia en sus diseños. Alguien recuerda la colección grunge de 1992 en pleno apogeo del movimiento de Seattle. Luego ha tomado prestadas colecciones de Comme des Garçons y recientemente (al igual que Frida Giannini en Gucci, Dolce Gabbana, Valentino y, por supuesto, Tom Ford), de Yves Saint Laurent.
Luego, por supuesto, incluso estas copias deben ser masificadas en copias más extensas para satisfacer el mercado que desea pertenecer a un determinado grupo social. Los imitadores o seguidores de la moda son fuertemente influenciables por otros círculos sociales y los medios de comunicación masivos. Hoy día la capacidad de respuesta a nuevas tendencias es casi inmediato y gracias a los enormes conglomerados podemos tener una réplica casi exacta (pero muy triste) con el sabor de la temporada. Es así como se han podido ver innumerables camisas a rayas con la influencia de Prada en Zara, o los estampados floridos de Jil Sander en un mega vestido de Jaeger, que luego la fashion blogger en el Cono Sur (que ya copia a otros fashion bloggers en California) lucirá de una manera carcomida.
El filósofo y sociólogo George Simmel decía ya a principios del siglo XX “la moda es imitación de un modelo dado y proporciona así satisfacción a la necesidad de apoyo social; conduce al individuo al mismo camino por el que todos transitan y facilita una pauta general que hace de la conducta de cada uno un mero ejemplo de ella”. Y es así como diseñadores y consumidores han trazado un camino en el que la copia y/o imitación es mucho más fácil que la individualidad o la innovación. Pero ese hecho no deja de confirmar lo que dijo Jean Luc Godard: “Lo importante no es de dónde tomas las cosas, lo que vale es a dónde puedes llevarlas”. La autenticidad hoy día ya no tiene valor, la originalidad es inexistente y no hay que molestarse en preguntarse el por qué del robo, en todo caso hay que celebrarlo y llevarlo como una letra escarlata.
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